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la velocidad de la luz - prensa

“El dramaturgo argentino Marco Canale aprovechó esa riqueza cultural para crear una pieza conmovedora, La velocidad de la luz, interpretada por ancianas de la villa 31 en sus casas y lugares de encuentro. Las mujeres cantan, bailan y dan forma a sueños que las hace volar hasta sus pueblos de origen – en Bolivia, Paraguay y el norte de Argentina –y mezclar el español con sus lengua maternas”  (Mar Centenera, EL PAIS).

“Una experiencia que te devuelve a lo importante, a la esencia, a los orígenes. Actrices del barrio de una calidez y compromiso que conmueve”  (Claudia Piñeiro, escritora).


“El interior de la capilla se transforma en caja de resonancia de otras historias cuando a estas veinte

señoras y señores se les pregunta por el lugar, el recuerdo, los sonidos a los que quisieran volv-
er antes de morirse. Esa simple pregunta va adquiriendo las formas de cabalgatas en el campo,

momentos de zafra, rezos, bailes, situaciones en el lago de Ipacarí, amores perdidos, una madre

perdida en un recuerdo en estado pausa desde hace 40 años, plegarias, charangos, catarsis emotivas, la muerte de un cisne, quenas, las peripecias de un viaje en medio de otro viaje imaginario, la defensa de la casa propia... Durante ese largo relato colectivo hay momentos de extrema verdad en medio de un marco arquitectónico cargado de significaciones. Los cuerpos de estas señoras y señores hablan por sí solos. Sus vestimentas están cargadas de otros paisajes, marcas, pérdidas y emociones. Y eso, y toda esa conjunción caótica, tiene momentos vibrantes”. (Alejandro Cruz, La Nación).


“La manta tejida capaz de unir cuadraditos de diversos colores, formas y texturas, clave en la trama
del proyecto escénico: a veces oficia como fuente de protección, en otras ocasiones es mortaja o

bandera, resulta un elemento capaz de sintetizar el collage de vivencias y emociones de la experiencia, con el pasado de inmigración y desarraigo compartido”. (Laura Ferré, TELAM).

“Este es el broche de oro de mi vida”, recuerda Marco que le dijo una mujer del elenco. “Toda la vida esperando esta oportunidad”, le comentó otra. También recuerda al actor que llegaba a los ensayos con olor a alcohol, y su mejoría hasta limpiarse a partir del proyecto. Es que aquí, además, hay otra obra detrás de escena, la de las vidas de los artistas. (Nahuel Gallota, Clarín)

“La velocidad de la luz es una propuesta conmovedora. Pero porque articula muy bien la sensibilidad y la inteligencia que se ponen en juego. Algunos distraídos podrán pensar que es fácil construir una actuación “natural”. Error!! Es el doble de difícil. El trabajo del director y del elenco se multiplica, necesariamente. La combinación entre la solidez y la soltura actoral de las piezas fundamental- es del elenco son resultado de mucho pero mucho trabajo, eso es evidente. Y sumemos algo más. Algo que, en general, se deja afuera de una crítica que se precie de “seria”: amor es el ingrediente que une todo el preparado, posibilidad de empatía. Toda la serie convierte este fenómeno escénico en algo de otra naturaleza. En una particular combinación

(Monica Berman, La Máquina de Escribir).

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